
De mal en peor
Con dos realidades muy distintas, en el día de ayer se jugó un gran partido entre
Pasaron 10 años de ese gran momento y hoy tengo la sensación de que volvimos 40
años para atrás. Por momentos siento que estamos jugando al Juego de la Oca y
retrocedemos casilleros sin darnos cuenta y sin decir nada a lugares que pensé que no
volveríamos a ver.
Hace una década, el grito colectivo de “Ni Una Menos” irrumpió en las calles de
Argentina para exigir el fin de los femicidios y de toda forma de violencia contra las
mujeres. Aquella histórica movilización del 3 de junio de 2015, nacida del impulso de
periodistas, escritoras y activistas frente al femicidio de Chiara Páez, marcó un antes y
un después.
En estos diez años, el movimiento feminista ha logrado conquistas fundamentales:
desde la sanción de la Ley Micaela hasta la legalización de la interrupción voluntaria
del embarazo, pasando por la creación de programas como Acompañar y la
consolidación de herramientas como la Línea 144. Sin embargo, creo que estamos
presenciando un alarmante retroceso.
En nuestro país ocurre un femicidio cada 26 horas, la falta de un organismo específico,
el vaciamiento presupuestario y los discursos negacionistas constituyen una amenaza
concreta para los derechos de mujeres y disidencias. La eliminación de programas
esenciales y el intento de borrar la figura del femicidio del Código Penal no solo
desprotege a las víctimas, sino que invisibiliza la raíz estructural de la violencia
machista.
Nuestro actual gobierno está realizando un ataque sistemático contra los derechos de
las mujeres, no solo desmantelando las medidas públicas con perspectivas de género
que habíamos conseguido, sino también con el discurso de odio que se promueve
desde el estado, todos los días.
Por esto hoy más que nunca, tenemos que gritar “Ni una Menos”.
Hace una década, el grito colectivo de “Ni Una Menos” irrumpió en las calles de
Argentina para exigir el fin de los femicidios y de toda forma de violencia contra las
mujeres. Aquella histórica movilización del 3 de junio de 2015, nacida del impulso de
periodistas, escritoras y activistas frente al femicidio de Chiara Páez, marcó un antes y
un después.
En estos diez años, el movimiento feminista ha logrado conquistas fundamentales:
desde la sanción de la Ley Micaela hasta la legalización de la interrupción voluntaria
del embarazo, pasando por la creación de programas como Acompañar y la
consolidación de herramientas como la Línea 144. Sin embargo, creo que estamos
presenciando un alarmante retroceso.
En nuestro país ocurre un femicidio cada 26 horas, la falta de un organismo específico,
el vaciamiento presupuestario y los discursos negacionistas constituyen una amenaza
concreta para los derechos de mujeres y disidencias. La eliminación de programas
esenciales y el intento de borrar la figura del femicidio del Código Penal no solo
desprotege a las víctimas, sino que invisibiliza la raíz estructural de la violencia
machista.
Nuestro actual gobierno está realizando un ataque sistemático contra los derechos de
las mujeres, no solo desmantelando las medidas públicas con perspectivas de género
que habíamos conseguido, sino también con el discurso de odio que se promueve
desde el estado, todos los días.
Por esto hoy más que nunca, tenemos que gritar “Ni una Menos”.

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