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Del arte urbano al mural más grande de la ciudad

Mariela Ajras, supo desde pequeña, que el arte urbano iba a ser parte de su vida.

Así comenzó a estudiar cerámica con Ángela Ginevra, un aprendizaje que la marcó profundamente, aunque cuenta que siempre se inclinaba más hacia la pintura de las piezas, dando sus primeros pasos en lo que luego sería su gran pasión.

También estudio psicología, profesión que ejerció poco tiempo, pero que fue un gran complemento en su formación.

Apenas terminó la carrera, con más tiempo libre, comenzó un taller de muralismo en el que conoció a los artistas Milu Correch, El Marian y Marcos Burdeta. Juntos armaron un proyecto de crowfunding -cuando este tipo de iniciativas recién empezaban- con la idea de reunir dinero para viajar pintando por las provincias.

Su arte se puede disfrutar en las paredes de ciudades como Los Ángeles, Las Vegas, Minneapolis, Barcelona, Valencia, Nápoles, Louvain, Ciudad de México, Guadalajara, Ciudad Juárez, Morelia y Montevideo, entre otras. Para la artista es fundamental empaparse del contexto y escuchar a los habitantes del lugar en el que pinta, ya que lo más importante para Marie es que sus trabajos los disfruten quienes tienen que verlos todos los días. “Es increíble el efecto que tiene un mural para producir comunidad.

Es como un nudo en el mapa, que convoca a la gente desde un lugar creativo. A mí me gusta producir imágenes abiertas, que disparen sentidos y abran a la imaginación. Un mural genera encuentros y charlas desde un tono más lúdico”, sostiene.

La organización Public Art Review la reconoció como una de las muralistas mujeres más influyentes de Sudamérica y en 2019, el BID la convocó para pintar un mural como regalo a la ciudad de Washington DC.

Ese mismo año fue convocada a participar en el proyecto “Corredor de la Memoria”, en conmemoración a los 25 años del atentado a la AMIA, donde realizó uno de los murales más grandes de la ciudad de Buenos Aires: “El mural, si bien no repara, tiene la función de ´anudar´ ese sinsentido. Es un lugar donde se practica la memoria, se recuerda, se conecta con eso y esa tristeza se transforma en algo más poético.

En San Telmo

Recientemente, terminó una serie de murales en el Museo de la Ciudad de Buenos Aires, en San Telmo. “Me gustó producir imágenes a partir de toda la información de este museo, que es muy interesante. La idea era hacer dos murales: uno que refiriera al pasado y otro con una concepción del futuro. Así, uno es como un homenaje a la vida cotidiana de las mujeres. La idea fue generar una imagen onírica, como si estuvieras mirando un recuerdo. El otro es un retrato de una mujer mirando al horizonte y tiene dos pantallas que la atraviesan y distorsionan un poco el mundo que la rodea. Esto tiene que ver con el desdoblamiento a partir de la identidad tecnológica, las pantallas, sobre todo con la pandemia también. Nuestras identidades son múltiples. Las imágenes de las mujeres se enfrentan y se están mirando. Creo que tiene que ver con resignificar el futuro mirándose”.

FUENTE: LA NACION

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