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El barrio del Dengue

Es muy preocupante la suba de casos de dengue que se registraron en estos últimos días, y al parecer por los informes del hospital público el 40% de los casos son del barrio de Mataderos. Los vecinos de la zona están sumamente angustiados ya que denuncian que desde la ciudad no escuchan sus reclamos y el hospital público más cercano tiene a sus trabajadores infectados.

Como ya sabemos, el dengue es una enfermedad vírica transmitida por mosquitos que en los últimos años se ha propagado rápidamente a todas las regiones de la OMS. El virus del dengue se transmite a través de mosquitos hembra principalmente de la especie Aedes aegypti y, en menor
grado, de la especie Ae. Existen 4 serotipos del virus Dengue, DEN-1, DEN-2, DEN-3 y DEN-4, en Argentina circulan los
primeros 3 serotipos.
El síntoma más común del dengue es la fiebre junto a cualquiera de los siguientes: Dolor de cabeza. Dolor detrás de ojos. Dolores musculares y articulares.
Los síntomas pueden aparecer en cualquier momento entre 4 días y dos semanas después de la picadura de un mosquito portador del virus del dengue, y suelen durar de 2 a 7 días.
El problema es que en estos últimos 15 dias los casos aumentaron mas de un 95% Del total de infecciones, 8.504 no tienen antecedentes de viaje, 582 se encuentran en investigación y 302 fueron importados. Asimismo, el dengue tiene presencia en 13 jurisdicciones y ha provocado, al menos, seis fallecimientos; dos en Salta, uno en Santa Fe y tres en Tucumán.

Desde esta perspectiva, lo comprende la médica infectóloga Leda Guzzi: “Estamos ante un brote de magnitud, con mucha circulación comunitaria. Esto se puede ver muy claro porque la gran mayoría de los casos se ve en pacientes que no tienen antecedentes de viaje, sino que se contagiaron la enfermedad en sus residencias, o bien, en sus lugares de trabajo”. “En lo que hace a casos normalizados por población se ven muchísimos en Tucumán, Salta, Santa Fe. Debemos
seguir atentos, pienso que se está haciendo muy buena vigilancia y habrá que esperar que ocurre en las próximas semanas”, expresa Humberto Debat, virólogo del INTA.

Kreplak describe que desde la Provincia de Buenos Aires se focalizan en la prevención del virus y el trabajo que realizaron en los meses previos. Más allá de la alarma por la suba de infecciones, llamó a la cautela porque se trata de un pico menor si se lo compara al de 2020. Al momento, en Buenos Aires hay un fallecido como caso probable de dengue. Corresponde a una persona que provenía de un viaje desde el exterior y que todavía queda confirmar, de manera definitiva, si fue por el virus en cuestión. Asimismo, hay otras 38 individuos con “signos de preocupación” y “mucha gente que va a las guardias con los síntomas de la enfermedad”. El funcionario también apunta que las condiciones de vigilancia de su cartera provincial eran mejores que en décadas previas.
“Tenemos una capacidad de diagnóstico y realizamos una prevención que supera a lo que sucedía en el pasado”.

¿Son muchos o pocos casos?

Para poner en contexto, siempre es útil comparar la situación con los años anteriores y, sobre todo, con los picos de infecciones. El último había sido registrado en 2020. “A nivel epidemiológico la curva de casos está creciendo de manera sostenida, de manera muy similar a lo que a lo que fue la temporada 2020. Quizás, como estábamos en un contexto de pandemia de covid, pasó desapercibido. Según los informes de Nación, tenemos un 30 por ciento menos de infecciones que las que había a esta altura del año. En 2021 y 2022 realmente hubo muy baja incidencia”, explica Debat.

Se trata de un virus que se manifiesta de forma estacional: si bien en una temporada puede emerger con mucha intensidad, luego su propagación disminuye hasta que vuelve a resurgir. Para ello hay una razón: según suele explicar el virólogo del Conicet Juan Manuel Carballeda, como gran parte de los infectados con dengue son asintomáticos, se puede estimar que haya una inmunidad activa de aquellas personas que se contagiaron y que la protección se prolongue por uno o dos años.

Esta semana representa un período bisagra, un antes y un después que podría marcar el futuro de esta epidemia. Para esta época, en 2020, los casos registrados de dengue en el país superaban los 14 mil, mientras que en el último registro hubo 9388. Mario Lozano, virólogo e investigador de la Universidad Nacional de Quilmes, plantea una realidad dual cuando detalla lo que sucede con los casos de dengue en este 2023: “La situación es paradójica: aunque los números de infecciones reportadas son dignos de tener en cuenta, también hay que decir que esperábamos una epidemia todavía mayor porque venimos de brotes muy fuertes en Brasil y Bolivia”. Y continúa con su hipótesis: “El pico se está retrasando con respecto a otros años, probablemente, debido a que la
población de mosquitos no tuvo tanto éxito gracias a la sequía. Aunque hizo mucho calor, faltó agua y eso pudo haberlos afectado”.

Guzzi discute la paradoja presentada por Lozano y refiere: “Aunque para esta época de 2020 había más casos, lo que se ve en el último tiempo es que la velocidad de crecimiento es superior. Hay que pensar que lo que en Argentina sucede con el dengue tiene que ver directamente con lo que ocurre en la región. Cuando tenemos aumento en Paraguay o Bolivia, inmediatamente impacta en
nuestro territorio”.

Un verano que no termina

Aunque por calendario el otoño ya comenzó, por las temperaturas, el verano se obstina en no abandonar el paisaje. Durante diciembre, enero y febrero –sobre todo– Argentina presenta un escenario con temperaturas elevadas que, además, coinciden con las vacaciones. Las personas viajan y trasladan las infecciones con ellas, al tiempo que los casos importados devienen en autóctonos y despliegan la enfermedad fronteras adentro.

En esta línea lo plantea Guzzi: “Es complejo, además, porque la temperatura y las condiciones son óptimas para el crecimiento y el desarrollo del mosquito vector, que es el Aedes aegypti. Este descenso de temperatura leve en las últimas semanas, lejos de amilanarlo, lo volvió más activo.
Las condiciones de humedad y de lluvia también facilitan la creación de criaderos, a través de recipientes que quedan expuestos a las precipitaciones y se van llenando”. El hecho de que en las próximas semanas la temperatura pueda disminuir por debajo de los 20 grados podría constituir una buena noticia. Por encima de ese parámetro, el mosquito cumple con su ciclo de vida, conquista la adultez y transmite el virus.

En este marco, desde el ministerio que conduce Carla Vizzotti informan que si bien se trabaja durante todo el año, a partir de septiembre y octubre se articula con las jurisdicciones y municipios, con el propósito de eliminar los potenciales criaderos y evitar la puesta de huevos.
Invitan así a revisar los recipientes con agua estancada, las macetas, las piletas y hasta los floreros; así como también utilizar repelente en abundancia puede resultar decisivo. Vale destacar que las lluvias contribuyen a dispersar el fenómeno, en la medida en que incrementan las posibilidades de reservorios que, en última instancia, terminan por facilitar la proliferación del virus.

Aunque el dengue es una problemática de salud pública característica del país y la región, lo cierto es que se trata de un virus con una incidencia global muy marcada. En la actualidad, según la OMS, cerca de la mitad de la población mundial corre riesgo de contraerlo y cada año se producen entre 100 y 400 millones de infecciones.

 

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